En las últimas décadas se ha observado un aumento de la frecuencia de los trastornos depresivos en niños y adolescentes, sobretodo de cuadros leves y adaptativos, debido fundamentalmente a factores ambientales y genéticos. Una rápida detección por parte del pediatra, la psicoterapia y el tratamiento psicofarmacológico, son necesarios para la desaparición de los síntomas.

Comparada con la depresión del adulto, la depresión en niños (de 6-12 años) y adolescentes (de 13 a 18 años) puede tener un inicio mucho más insidioso, caracterizándose más por la irritabilidad que por la tristeza, y apareciendo con mayor frecuencia asociado a otros trastornos como la ansiedad, los trastornos de conducta, la hiperactividad y los problemas de aprendizaje.

La prevalencia de los trastornos depresivos en niños y adolescentes se incrementa con la edad, con un pico de máxima incidencia al inicio de la adolescencia. En la población pediátrica no existen diferencias en cuanto al sexo, mientras que en los adolescentes es más frecuente en las mujeres con una proporción de 2 mujeres por cada varón.

En general se acepta la teoría de que múltiples factores intervienen en el desarrollo de un trastorno depresivo, pudiendo estar incluidos acontecimientos vitales y problemas psicosociales. La identificación de alguno de estos factores puede determinar una mayor especificidad del tratamiento con el fin de mejorar los resultados del mismo.

La primera consulta de estos pacientes al pediatra suele ser por problemas somáticos (dolor de cabeza, dolor abdominal, dolores de espalda y musculares). De aquí el importante papel que juega el pediatra para la detección y el diagnóstico de estos trastornos, ya que una intervención temprana y el tratamiento precoz previenen un trastorno depresivo más incapacitante.

Los principales síntomas de los trastornos depresivos en la infancia y la adolescencia son:

    • Una pobre concentración y memoria
    • Disminución del rendimiento escolar
    • Humor triste o irritable
    • Alteración del sueño y del apetito
    • Aumento de la agresividad
    • Existencia de ideas de culpa
    • Inutilidad y rumiaciones hipocondríacas (creer que tiene una enfermedad)
    • Ideas de muerte
    • Disminución de las relaciones sociales
    • Tendencia a la introversión
    • Falta de interés e incapacidad para iniciar actividades

El objetivo del tratamiento sería la mejoría completa de los síntomas, restaurando el funcionamiento psicosocial y ocupacional hasta el estado asintomático.

Las intervenciones terapéuticas recomendadas englobarían tanto psicoterapia individual y familiar como el tratamiento psicofarmacológico.

Dentro del tratamiento psicofarmacológico los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS) serían la primera línea del tratamiento con fármacos en los cuadros depresivos moderados de niños y adolescentes, debido sobretodo a su seguridad, escasos efectos secundarios y facilidad de uso.

Ante la duda consulta con un especialista en psiquiatría o psicología de niños y adolescentes

Mas información: en Guía de la depresión en niños y adolescentes

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.