El término depresión hace referencia a un trastorno,  para el cual se han determinado ciertos parámetros de duración, gravedad, curso y disfuncionalidad. Además se han tenido que descartar algunas posibles causas (p. ej., enfermedades médicas, ingesta de medicamentos o drogas, duelo, esquizofrenia). Actualmente, la expresión de la depresión es siempre la misma a cualquier edad, pero variando la frecuencia de algunos síntomas y su expresividad. Por ejemplo, en los niños es más frecuente encontrar problemas somáticos, como dolores de barriga, o retraimiento social, mientras que síntomas como el enlentecimiento psicomotor o la somnolencia durante el día son más característicos en la adolescencia o en la edad adulta.

 

Se distinguen los mismos tipos de trastornos depresivos que en los adultos aunque con unos matices en los síntomas. Los dos tipos de depresión en el niño y el adolescente son el trastorno depresivo mayor y el trastorno distímico.

 

Trastorno Depresivo Mayor

El trastorno depresivo mayor se caracteriza por la presencia la mayor parte del día, casi cada día, durante al menos dos semanas consecutivas, de estado de ánimo triste o irritable, o de pérdida del interés y de la capacidad para disfrutar de actividades que antes eran placenteras. Además el niño durante este período de tiempo también puede experimentar otros síntomas como:

  • cambios de apetito o peso
  • cambios en el patrón de sueño
  • falta de energía
  • sentimientos de infravaloración o culpabilidad
  • dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones
  • pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida.

No todos los niños con trastorno depresivo padecen todos estos síntomas y la gravedad y la duración de estos varía de un niño a otro.

 Trastorno dístimico

El trastorno distímico es un tipo de depresión menos grave, que incluye síntomas depresivos no tan incapacitantes como los del trastorno depresivo mayor, sin embargo, son más prolongados en el tiempo. La distímia se caracteriza por la presencia durante un período mayor a un año de un estado de ánimo triste o irritable practicamente a diario y la presencia de estos síntomas:

  • baja autoestima, pesimismo o desesperanza
  • pérdida o aumento del apetito
  • cambios en el patrón del sueño
  • fatiga y dificultad para concentrarse o tomar decisiones.

También estos síntomas pueden variar en intensidad a lo largo de los años e incluso llegar a desaparecer durante algunos períodos de tiempo inferiores a dos meses.

 

Adriana Fusté. Psicóloga