El mindfulness o atención plena consiste en estar presente de manera consciente, busca que la persona preste atención de manera intencionada a lo que ocurre aquí y ahora, con una actitud abierta, curiosa, amable y compasiva, sin rechazar, ni juzgar ni criticar, simplemente aceptando lo que está ocurriendo. Cuando somos conscientes, escogemos percibir los detalles de nuestras experiencias. El mindfulness invita a la persona a dirigir la atención hacia sus experiencias automáticas, es decir a prestar atención a lo que estamos haciendo, en el momento que lo estamos haciendo. Nos permite darnos cuenta de lo que estamos pensando, sintiendo, diciendo, en el momento que lo estamos haciendo. Anima a ensayar la posibilidad de no reaccionar movidos por el hábito. Su práctica puede ayudarnos a sentir una mayor conexión con nosotros mismos, permite tomar distancia, perspectiva y ver las cosas con más claridad. Nos permite tener una visión más equilibrada de lo positivo de la vida y las dificultades o problemas que tenemos, permitiendo también reconocer que las dificultades pueden surgir a causa de nuestras reacciones en lugar de surgir de fuerzas externas que no se pueden controlar, por tanto nos permite desarrollar habilidades y aumentar nuestro repertorio de recursos para responder con una mayor capacidad de elección, es decir eligiendo nuestras conductas y por tanto resolviendo con mayor destreza las situaciones y dificultades cotidianas.

 

En definitiva el mindfulness, nos ayuda a actuar conscientemente sin dejarnos llevar por nuestros pensamientos, emociones y sensaciones. A su vez permite mejorar la capacidad para mantener la atención y la concentración, disminuir la impulsividad, aumentar la tolerancia a la frustración, ayudar a calmarse y relajarse, disminuir la ansiedad y el estrés y en definitiva contribuye a mejorar la calidad de vida de los niños.

 

¿Para qué sirve el mindfulness?

  • Nos ayuda a sentir una mayor conexión con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y mente así como con los que nos rodean.
  • Nos permite tomar distancia y ver las cosas con más claridad.
  • Nos enseña a ser más receptivos a la información del entorno, permitiéndonos tener una mayor capacidad de elección. La capacidad de elección nos proporciona mayor sensación de control permitiéndonos reaccionar de una forma menos impulsiva.
  • Nos ofrece y aumenta el repertorio de recursos y habilidades para afrontar las dificultades, ofreciéndonos más posibilidades a la hora de actuar.
  • Nos permite identificar las sensaciones, las emociones y los pensamientos experimentados ayudándonos a su vez a expresarlos.

Anna Huguet. Psicóloga

 

 

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